Las fracturas suelen aparecer en la mayoría de los casos tras un traumatismo único y de intensidad importante, aunque también los pequeños traumatismos repetidos pueden producir fracturas. Cuando los huesos están debilitados por la osteoporosis o por otras enfermedades, se pueden producir fracturas con mínimos traumatismos e incluso espontáneamente. El dolor es mas intenso en el punto donde se ha producido la fractura y puede irradiarse (extenderse) hacia otros puntos, el dolor suele aumentar al palpar el hueso y al intentar moverlo o cargar peso sobre el.
Las infecciones en el hueso pueden aparecer por inoculación directa a través de una herida cercana al ahueso; o bien por diseminación hematogena, es decir los germenes presentes en otras partes de nuestro cuerpo (infecciones de la piel, de la boca, etc..) viajan por la sangre para asentarse en el hueso y formar un absceso en su interior. Las infecciones en el hueso producen dolor junto a calor y enrojecimiento de la zona cercana, además la infección puede extenderse hacia la piel para drenar el pus a través de una fistula. En los casos mas extremos se puede incluso fracturar el hueso produciendo dolor muy intenso. Las infecciones óseas son de muy difícil tratamiento y con bastante frecuencia se hacen a pesar de un tratamiento adecuado.
Los tumores en el hueso pueden ser: primarios, es decir que aparecen en el hueso a partir de las propias células óseas; o bien con mayor frecuencia metástasis de otros tumores originados en otras partes del cuerpo (pulmón, mama, próstata, etc.). El dolor en el hueso suele ser muy intenso y empeora por la noche. De la misma manera a como lo hacen las infecciones los tumores pueden debilitar al hueso hasta que se fractura bajo cargas normales.
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